Artículo del Mes

28 Junio, 2010 - Sección: Artículos Noticias

LA IMPORTANCIA DE UNA BUENA ALIMENTACIÓN

Una buena alimentación mejora la productividad en el trabajo.

Los buenos hábitos alimenticios favorecen el rendimiento durante la jornada laboral. Los expertos recomiendan hacer una buen desayuno y en la medida de lo posible optar por la comida casera. Hipócrates dijo “que los alimentos sean tu mejor medicina”. Como nos sentemos en la mesa dependerá nuestra calidad de vida y la cantidad de años que cumplamos. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la alimentación es, después del tabaco, el segundo factor de riesgo cardiovascular.

Existen estudios que aseguran que el 30%  de los casos de cáncer de colon, estómago y mama, están relacionados con los malos hábitos alimenticios. El rendimiento físico del ser humano “no sólo influye en una buena alimentación, sino en el ambiente de trabajo, “lo más importante para afrontar la jornada laboral es hacer un buen desayuno compuesto por lácteos, cereales y frutas”. Añade que una buena dieta “siempre debe complementarse con ejercicio y hábitos de vida saludables”.

Los errores en la alimentación comienzan al levantarnos: “Las  prisas nos llevan a comer poco en la primera parte del día, que es cuando tenemos que estar alertas y rendir más. Desayunar mal y sustituir la comida por un tentempié hace que durante horas estemos subalimentados”. Para almorzar, se recomienda un plato único, que debe tener fibra, hidratos de carbono y proteínas. La cena, ligera: una ensalada abundante para quedar saciados con pocas calorías. A media mañana, y para merendar se puede tomar un poco de fruta.

Una de las consecuencias más comunes de una mala alimentación es la obesidad: “Los ejecutivos, por ejemplo, no suelen tener exceso de peso, pero sí cierta barriguita, consecuencia del sedentarismo, del estrés crónico y de comer fuera de casa. La grasa aumenta los niveles de colesterol, de ácido nítrico y de comer fuera de casa. La grasa aumenta los niveles de colesterol, de ácido úrico y de glucosa. Se desarrolla un síndrome metabólico que implica un incremento del peligro de sufrir un infarto cardiaco o  un ataque cerebral.

Energía para el cerebro. El cerebro sólo representa el 3%  del peso corporal y, sin embargo, necesita el 20% de la energía que se obtiene de la comida. El azúcar, la miel, las frutas, las mermeladas, etc., son alimentos que el cerebro absorbe rápidamente y los transforma en glucosa, usándolos para rendir plenamente. “De forma rutinaria son más aconsejables los hidratos de carbono (arroz, legumbres, patatas, cereales, pastas, pan) porque actúan igual que los azúcares, pero de forma más constante.”

Para afrontar una larga jornada de trabajo, se aconseja respetar los horarios de las comidas, sin saltarse ninguna para así evitar bruscos descensos de la glucosa en sangre. “El cerebro es como un coche que necesita tener gasolina para poder discurrir. Hay productos que ayudan a rendir al máximo, como la jalea real, que estimula el sistema nervioso, y la raíz del ginseng, que aumenta la memoria, los reflejos y la productividad intelectual.” Recomienda no olvidar consumir frutos secos en las pausas del trabajo porque son una excelente fuente de minerales.

L.N. Daniela Figueroa Camarillo

 

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